"Dos adolescentes, un taller y un casco con cicatrices de gloria: el día que nos sentimos pilotos."
Éramos
adolescentes y con Rubén Bulla soñábamos... Rubén lo hizo realidad: corrió en
motos, karting, monoplazas, TC, CAP, Supercar y Turismo 4000 Argentino,
logrando triunfos y campeonatos. En mi caso, tras algunos intentos en karting y
como navegante en un par de rallies, me llamé a sosiego.
Pero, de
alguna forma, seguí en el automovilismo a través del periodismo y otras
especialidades como Regularidad, Cupecitas, Standard Histórico y G.P.A. El
taller de Ernesto Battistelli le pone el marco a esta fotografía. Estaba en la
Avenida Belgrano, justo enfrente del taller de Gattelet y Borgeaud.
Entre ambos
talleres dábamos rienda suelta a nuestros sueños: construíamos carros de
rulemanes y transformábamos nuestras pacíficas bicicletas en lo que suponíamos
máquinas de carrera (quitándoles los guardabarros). Fabricamos un karting con
motor de lavarropas —naftero— y después llegó el sueño cumplido: cuando
"Nestín" Battistelli tuvo un karting de verdad…
Volviendo a
la foto: tengo puesto un casco con historia. Era de Nestín, pero se lo había
dado Carlos Pairetti. Un Bell azul con una franja blanca que en la parte
trasera estaba remendado con alambre.
La anécdota detrás del remiendo:
antes de su primer triunfo en TC (agosto de 1963), Pairetti rompió a pocos
kilómetros de la llegada en una carrera que ganaba con comodidad. En un rapto
de impotencia y bronca, tiró el casco contra el pavimento… Todo esto fue allá
lejos y hace tiempo.
R.O.G.
