miércoles, 28 de septiembre de 2016

Miguelito Escoda, con el 2CV y la guitarra en el GP del '66


Fue en el Gran Premio Internacional de Turismo Mejorado de 1966. Miguel Escoda, un personaje querible. De aquellos que uno piensa que de no haber nacido, habría que haberlo inventado, se anotó para correr en la categoría A (hasta 700 cc de cilindrada) con un Citroën 2CV.
Hasta allí, una historia como la de muchos participantes de aquellas carreras imborrables en la memoria de los aficionados del automovilismo de los ’60. Pero nuestro protagonista distaba de ser uno más.
Bohemio, amigo de la música, la noche, la mesa bien servida, el buen vino y los amigos. Miguel se preparó de manera muy especial para esta competencia. Llegó al parque cerrado con su Citroën Nº 36, Héctor Díaz, su acompañante, y su guitarra. Entre los amigos que se acercaron estaba un patriarca del folklore: Alberto Merlo. Y como si esto fuera poco, diría un vendedor ambulante, tenía el auspicio de la revista “Folklore”.
Sin embargo, en lo previo el piloto guitarrista rindió una prueba de suficiencia de manejo en el autódromo porteño: “Contra autos más ligeros. Allí me vio el ingeniero (Benjamín) Cavallin, ‘capo’ de Citroën Zepic (taller de Citroën Francia) y me pidió que se lo dejara preparar a los empleados y formamos una barra maravillosa. Todavía hoy soy amigo de Cavallin, que es quien le dibuja los planos de los helicópteros a Cicaré”, recuerda nuestro protagonista.
En el parque cerrado ayudamos a algunos amigos que tenían problemas con sus autos. Entre ellos a “Espartaco” –destaca Miguel-. El De Carlo no arrancaba por las bujías frías. Cuando lo pusieron en marcha, les dediqué un par de milongas de Alberto (Merlo), que me había ido a despedir.

En Carrera
En Pilar, junto a otros 330 binomios, se puso en marcha Miguel Escoda con su 2CV. Pero en Mariano Alfonso comenzaron los problemas: la bomba de nafta no funcionaba. “Decidimos poner el tanque de nafta arriba del techo, así la nafta bajaba por gravedad. Así llegamos hasta Colón, donde conseguimos y adaptamos una bomba de Peugeot. De allí en más, ‘pata a fondo’ hasta Carlos Paz”, explicó el piloto.
La empresa no fue fácil. Se había liberado el tránsito, por lo que los participantes retrasados tenían que sortear a todos los vehículos que circulaban por la ruta. Grande fue la sorpresa de Miguel y su acompañante cuando fueron superados por un ómnibus. “Nos pasó un Chevallier. Nosotros con los cinturones y con casco. La gente que viajaba en el colectivo nos saludaba. La suspensión neumática del Chevallier hacía fuff, fuff, fuff…”, recuerda sonriente el piloto del 2 CV.
Ernesto Sandonato y su aporte: “Si bien el control en Villa Carlos Paz –punto final de la primera etapa- aún estaba abierto, la alegría de Escoda y su acompañante pronto se transformó en tristeza ya que por unos minutos había expirado para ellos el tiempo máximo para clasificar. Mirá como seria el tema que un viejo batallador de nuestro automovilismo deportivo y también del motociclismo devenido en Comisario Deportivo, don Pedro Vaccario, a cargo de esa etapa llego a decirle ‘¡Qué lástima Escoda!’“

Cabalén
"Cuando salimos de Colón, solucionado el tema de la bomba y con el tanque de nafta en su lugar; a poco de andar nos pasa (Oscar) Cabalén con el Mustang, que andaba muy fuerte. El Citroen se 'bamboleó' y parecía que estaba parado...", otro jugoso comentario de Escoda. 

Hoy, con 78 “pirulos”, Miguel Escoda “felizmente jubilado”, aclara, vive en Pergamino. Disfruta de su familia y de los amigos y recuerda con mucho cariño su pasado arrecifeño y su estadía por Viña. Con tantos recuerdos a cuesta, no tiene tiempo para aburrirse. 



En la foto (arriba), de izquierda a derecha: Alberto Honegger (revista Folklore), Vallazza, Héctor Díaz, acompañante, Alberto Merlo y Miguel Escoda.

Foto (abajo): Froilán González y Miguel Escoda ¡Qué dúo! 

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