miércoles, 14 de enero de 2015

El automovilismo que me hubiese gustado ver



Cierro los ojos y recuerdo  aquellas tardes noches en el taller de Gattelet y Borgeaud. Mi viejo o el tío Alberto trabajando sobre el banco de armado de motores y la ronda de amigos: Saúl, el de la Tienda, Roberto, el bicicletero, Eduardo, el sodero, Mariano, el vecino del taller, Bolo (Nobel Hortal), que había corrido con “El Piropo”. Y algún otro concurrente que escapa a mi memoria.


Con entusiasmo digno de mención me agregaba al grupo para disfrutar de aquellos apasionados relatos  sobre las luchas rueda a rueda de “Pepe” González  y el “Conejo” Pian. “En Junín se pasaron varias veces. Froilán manejaba  con una mano, con la otra tenía la palanca de cambio, porque saltaban… Fue un espectáculo”, comentaba mi tío, mientras con un dedo ponía pasta azul de prusia en los asientos de válvulas.
“¡Y la carrera de Pergamino! impresionante cómo iban entre la tierra. No se veía nada. Pepe (por Froilán) hizo un trompo, quedó muy atrás y empezó a pasar autos de nuevo. Recuperó y después rompió. Mi Dios, ¡Qué carrera!”, se exaltaba en la descripción Saúl, el de la Tienda. Y agregaba: “qué autazo tenía Pián, qué grandes mecánicos eran él y el padre. En aquella época se hacía todo en los talleres y artesanalmente ¿Te acordás que Pian tapaba el auto con una lona y no lo dejaba ver?”
“Benedicto Campos manejaba la “Betty” con el cuerpo”, decía Eduardo, mientras colocaba el cigarrillo en la boquilla, y evocaba las acrobacias del de Necochea  sobre su diminuto auto, con apariencia de Midget. Mariano, el vecino, agregaba: “se acuerdan del sonido del auto de Tamborini ”. Mientras el tío incluía en la lista de pilotos a Olhson y añadía “el inglés de la pipa”, para identificarlo mejor.
En la charla salían a relucir los circuitos de Pergamino, Salto, Arrecifes, Rojas, Junín, Rincón de Milberg, entre otros. Mi viejo recordaba el podio completo de arrecifeños en Junín (1948) con Froilán (González) y los hermanos Hortal (Nobel y Darwin). Motivo de orgullo para mi niñez, porque “El Piropo”, cuando lo corrió Bolo en el `48, se había armado en el taller, por aquellos años de Gattelet Hnos & Borgeaud (también. estaba el tío Tola).
Roberto, el bicicletero, que entraba a boxes con una credencial “trucha” de fotógrafo  se acordaba de la carrera que perdió “el cabezón (por Froilán) en Rincón de Milberg, por no hacerle caso a Picheto –en su camión transportaba el auto de Bolo- agarró el pozo y rompió el cárter cuando faltaban pocas vueltas para terminar”.  
Tampoco faltaba la mención para Encho, el hijo mayor de Cástulo Hortal, cuyo futuro de éxitos en el automovilismo se tronchó abruptamente en  el Parque Independencia de Rosario, en plena juventud. Aún, no había cumplido 27 años. “Encho, además de manejar muy bien, era un excelente mecánico”, reconocían todos los habitúes a la ronda del taller.
Desde aquellos años, apellidos como González, Pian, iglesias, los Hortal, Stival, Faraoni, Tamborini, Barbalarga, Campos, Crespo, Fuentes, Mazzutti, Olhson, entre otros, me resultaron viejos conocidos, a pesar de no haber visto aquel automovilismo, que me hubiese gustado ver.

Raúl Gattelet

Fotos de revistas Coche a la Vista, de la Hemeroteca del Círculo de Periodistas Deportivos de Arrecifes.

1 comentario:

Daniel Brachi dijo...

Como de costumbré.la pluma de Raul Gattelet nos transporta a un tiempo que se fue.
Se fue??o lentamente está retornando de la mano de las categorías zonales?